El pasado agosto se casó en Galicia mi sobrina segunda y era la ocasión perfecta para lucir un vestido hecho por mí para mí.
Hay celebraciones en las que la ropa deja de ser una cuestión de qué ponerse. Una boda es también un encuentro, una reunión de personas que forman parte de nuestra historia y una oportunidad para compartir la alegría de quienes deciden construir una vida juntos.

Para la ocasión, quise diseñar y confeccionar mi propio vestido: una pieza pensada para una boda de día, en pleno verano, y para sentirme cómoda sin renunciar a los detalles que hacen especial a una prenda.
El resultado fue un vestido en tonos blancos y azules, con un estampado floral de aspecto acuarelado y un tejido ligero, fluido y semitransparente. El diseño juega con las capas y el movimiento para crear una silueta delicada, con volumen, sin necesidad de recurrir a estructuras rígidas.

El escote halter enmarca los hombros y el cuello, mientras que la espalda descubierta aporta un contraste con los volantes que recorren el cuerpo y la falda. Las distintas capas se superponen de forma que el tejido exterior conserva su ligereza y deja entrever sus transparencias, mientras que una base blanca interior aporta cobertura y permite que el vestido mantenga su caída sin perder comodidad.
Los volantes son una parte esencial de la pieza. Acompañan el movimiento al caminar y generan diferentes longitudes y volúmenes, haciendo que el vestido cambie ligeramente con cada gesto. El estampado, con sus matices azules y blancos, refuerza esa sensación de frescura que buscaba para una celebración de verano en Galicia.

Esta idea está muy presente en mi manera de entender NUHRA. Elegir con intención, valorar el trabajo que hay detrás de lo que vestimos y cuidar las prendas para que puedan formar parte de nuestra vida durante más tiempo.
Este vestido nació para celebrar el amor de dos personas de mi familia. Y, entre el diseño, los tejidos y las horas de confección, también se convirtió en una forma de participar en ese día desde mi propio oficio.
Porque a veces crear algo para una ocasión especial es, sencillamente, otra manera de estar presente.

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